No, muchos no lo son. En España hay decenas de puentes con el cartel de «romano» que en realidad levantaron canteros medievales: el de Cangas de Onís, símbolo de Asturias, tiene una fábrica de la Baja Edad Media; el de Simancas resultó de finales del siglo XII; y el carbono 14 ha devuelto a la Edad Media puentes de Cuenca, Cataluña o La Rioja.
¿Quiere decir eso que Roma no dejó puentes? Al contrario: los que quedan son espectaculares, pero son menos de los que dicen los carteles. Aquí te contamos por qué se confunden, cómo se distingue uno auténtico, qué casos ha desmentido la ciencia y dónde ver los que sí son de verdad.
En resumen
- El nombre no prueba nada: «romano» suele venir de la tradición, de estar sobre una vía romana o de haber sustituido a un puente anterior.
- Son pocos: el ingeniero Manuel Durán Fuentes analizó 37 obras romanas en toda Hispania (España y Portugal juntas), tras medir y descartar muchas más.
- Hay pistas, no un test: anchura de más de 4,5 m, plataforma casi horizontal, arcos de medio punto, sillería en seco y muescas de palanca. Ninguna basta sola.
- La ciencia ha hablado: carbono 14, luminiscencia y excavaciones han fechado en la Edad Media Poyatos, Castellar, Caldes, Mantible, Simancas o el Genil de Granada.
- Zona gris: Córdoba es romano de origen, pero casi todo lo que ves es posterior; y en Alcántara los epigrafistas revisan la famosa «firma» de Lácer.

Por qué tantos puentes se llaman «romanos»
El problema empieza con un orgullo muy humano. Un puente romano es «un tipo de obra de la que todo el mundo se siente orgulloso de tener en su territorio», escribe Durán Fuentes, doctor ingeniero de caminos de la Universidad de A Coruña que pasó años midiendo puentes por toda la península. Y añade el diagnóstico: por eso «numerosas obras medievales e incluso modernas son etiquetadas como romanas».
El mecanismo casi siempre es el mismo. Hay tres atajos que convierten cualquier puente viejo en romano:
- La pinta. Según Durán, «lo habitual es que una obra que sea antigua con arquería de medio punto de piedra sea considerada romana». Piedra + arco + musgo = Roma, aunque el arco lo pusiera un cantero del siglo XV.
- La vía. Si el puente está sobre una calzada romana conocida, se da por hecho que también lo es. A veces se razonaba al revés: algún erudito llamaba «romano» al puente para justificar que por allí pasaba una vía.
- El nombre heredado. Muchos puentes medievales se levantaron donde antes hubo uno romano (de piedra o de madera) y heredaron el nombre. Es lo que se propone para Cangas de Onís.
Durán lo cuenta con ironía: el «ojo clínico», la «denominación tradicional» o unos «presuntos fundamentos romanos» le hicieron «viajar inútilmente a muchos lugares de la península».
¿Sabías que…?
En Poyatos (Cuenca), los carteles anunciaban un «puente romano» hasta que el carbono 14 lo fechó entre los años 1025 y 1165. Tras el estudio, se empezó a cambiar la cartelería que lo llamaba «romano».
Cuántos puentes romanos quedan de verdad
Si buscas una cifra, encontrarás varias: 11, 13, 33, 37… No es que alguien mienta: cada número cuenta una cosa distinta.
- 37 obras es el total de puentes romanos de Hispania (España y Portugal) que Durán Fuentes clasifica en su estudio de 2008-2009 en la revista Anas, del Museo Nacional de Arte Romano. Incluye pequeñas alcantarillas de un solo arco.
- 33 es la cifra que el mismo autor dio en una entrevista de 2004 en la revista Mètode para España y Portugal. La diferencia con 37 puede deberse a la fecha y a qué obras entran en la cuenta.
- 11 o 13 es la cuenta que una revista de viajes atribuye a Durán solo para España, según se acepten o no los puentes cordobeses de Villa del Río y Los Pedroches. Es una cifra divulgativa, no un inventario oficial.
Lo importante es el orden de magnitud: unas pocas decenas para toda la península. Y no es que Roma construyera pocos. Los que han llegado hasta hoy son, como resume el investigador Ildefonso Ostos, «una ínfima parte» de los que debieron levantarse en las vías conocidas. Sobrevivieron, sobre todo, los que nunca dejaron de usarse y se fueron reparando.
Durán agrupó esas 37 obras en cuatro modelos según el terreno que salvaban:
| Cómo es | Ejemplos (Durán) | Peso | |
|---|---|---|---|
| I | Bajo y horizontal. Plataforma horizontal sobre arcos de medio punto de luces casi iguales; para ríos de valle ancho que se desbordan | Salamanca, Lugo, Mérida (tramo III), Albarregas, Chaves (Portugal) | 27,03 % (10) |
| II | Simétrico. Arcos cada vez mayores hacia el centro, rasante horizontal o apenas alomada; variante alta en valles encajados | Alconétar, Mérida (tramos I y II), Villa del Río, Los Pedroches, Segura; altos: Bibei y Alcántara | 37,83 % |
| III | Dos arcos desiguales. Uno grande sobre el cauce y otro menor fuera de él | Pont del Diable de Martorell, São Miguel y A Ponte Pedriña | 8,00 % |
| IV | Un solo arco. Desde grandes luces hasta alcantarillas de 4–5 m | Pertusa (≈28 m de luz), Navea, Baños de Molgas, alcantarillas de Mérida y Cerezo de Río Tirón | 27 % |

Cómo distinguir un puente romano de uno medieval
Aquí está lo más útil del artículo. Tras estudiar sistemáticamente las fábricas, Durán reunió doce características que ayudan a reconocer un puente romano de sillería. Las copiamos tal cual las enumera, con una explicación breve:
- Anchura de más de 4,50 m. La calzada romana tenía unos 6 m y el puente la mantenía. En una muestra de 146 puentes, el 81,5 % superaba los 5 m y solo el 5 % bajaba de 4 m.
- Rasante horizontal o ligeramente alomada. Nada de cuestas: el carro tenía que pasar cómodo.
- Sillería almohadillada. La cara del sillar sobresale en relieve, con un efecto de robustez. Ojo: no es exclusiva de Roma.
- Hiladas alternas a soga y tizón. Piedras colocadas a lo largo y de punta, alternando.
- Huellas de llaves en cola de milano. Encajes para grapas que unían sillares.
- Rosca de espesor uniforme en todo el ancho de la bóveda (en lo medieval suele ser más gruesa en los bordes que dentro).
- Esmero en el aparejo y las juntas.
- Agujeros para la tenaza de hierro que servía para manejar los bloques.
- Muescas de borde para la palanca, usadas para ajustar cada sillar en su sitio.
- Calidad constructiva general de la fábrica.
- Juntas finas, en seco y sin ripios (sin cuñas de piedra ni mortero entre bloques).
- Ausencia de marcas de cantero, las firmas que los canteros medievales grababan en la piedra.

Ahora, la advertencia que casi nadie copia: según el propio Durán, «la presencia de algunas de estas características no bastan para probar el origen romano de un puente». Hay rasgos que son auténticas «singularidades» (las grapas en doble cola de milano, las muescas de palanca, la alternancia de sogas y tizones) y que reducen mucho la duda. Pero el autor reconoce que no ha podido cuantificarlo estadísticamente.
El estudio de Ostos sobre Córdoba añade dos matices: si el puente está en una calzada romana conocida, es más probable que sea romano «al menos en origen»; y su pendiente sería en todo caso menor del 10 %.

¿Y por qué lo medieval es tan distinto?
Porque muchas técnicas se perdieron. Según Durán, en la Edad Media el sillar se labra peor y hay que acuñar con ripios o usar mortero de cal; las muescas de palanca dejan de hacer falta y solo reaparecen en el siglo XVIII. Y la bóveda cambia: en vez de roscas uniformes, «realizaciones más atrevidas». En casos como Cangas o Simancas, además, aparecen arcos apuntados.
La paradoja es bonita: un puente muy empinado y esbelto, de aspecto «antiquísimo», suele ser medieval; uno bajo, ancho y aburridamente horizontal tiene más papeletas de ser romano (aunque, como recuerda Durán, los puentes horizontales de luces iguales se siguieron construyendo hasta hace pocas décadas).
Los que no eran romanos: siete puentes con fecha
Las pistas sirven para sospechar. Para salir de dudas hace falta un control arqueológico o una datación del mortero o la madera. Siete puentes «romanos» que hoy tienen fecha:
| Puente | Qué se hizo | Resultado |
|---|---|---|
| Poyatos (Cuenca) | Carbono 14 de restos orgánicos de la cal de su arcada (Europa Press, 2017) | 1025–1165: en torno al año 1100 |
| Castellar (Fresneda de Altarejos, Cuenca) | Carbono 14 de la cal del pavimento; herraduras «de clavija de violín» en el firme (Las Noticias de Cuenca) | 1420–1495 (94 % de probabilidad) |
| Caldes de Montbui (Barcelona) | Análisis de morteros, Universidad de Barcelona y Patrimoni 2.0 (Ajuntament, 2016) | Hacia 1440 (horquilla 1360–1520) |
| Mantible (entre La Rioja y Álava) | Luminiscencia (OSL) de morteros y carbono 14 de carbones y madera (La Rioja, 2025) | Siglos X–XI |
| Simancas (Valladolid) | Control arqueológico en la restauración de 2022-2023 (Turismo de Castilla y León) | Finales del s. XII – principios del XIII; sin rastro de un puente romano anterior |
| Genil (Granada) | Análisis tipológico de sillares y de los hormigones de cimentación (Vílchez, 1990, UGR) | Obra musulmana íntegra, taifa zirí, s. XI |
| Cangas de Onís (Asturias) | Análisis de la fábrica y la tipología (Turismo de Cangas de Onís) | Baja Edad Media (ss. XIV–XV por tipología); quizá sustituyó a otro anterior |
Dos detalles merecen la pena. En Simancas el argumento romano era casi solo de mapa: la localidad es la Septimanca del Itinerario de Antonino, en la vía de Mérida a Zaragoza. La excavación de 2022-2023 permitió decir «sin lugar a dudas» que no hay evidencias de un puente romano anterior. En 1812, además, las tropas de Wellington volaron dos de sus ojos para frenar a los franceses.
En Mantible, el estudio añade un argumento que conviene recordar: el puente «no da servicio a itinerarios conocidos por los textos clásicos». Si un puente no está en ninguna vía romana conocida, la etiqueta «romano» se queda sin apoyo. Lo mismo pasa al leer un miliario: piedra y camino tienen que encajar.




Romano, pero rehecho: el puente de Córdoba
Luego está la zona gris, y aquí Córdoba es el mejor ejemplo. Su puente sobre el Guadalquivir es romano: lo confirman los restos y las proporciones. Pero ¿cuánto de lo que pisas es de época romana? Según el estudio de Ostos (2014), a la vista solo unos sillares del estribo derecho, bajo la Torre de la Calahorra, de unos 70 cm de alto y muy gastados por el río.
En unas obras de recalzado documentadas por Sainz en 1894 aparecieron, a 3,50 m de profundidad, una pila con tajamar tumbada y el trasdós de un arco con dovelas de 90 cm, que corresponderían al puente original. Encima, siglos de reformas: hoy tiene 16 vanos (el más septentrional se macizó en el siglo XVII) y cuatro de sus arcos son ojivales, una forma que no es romana. Ostos lo resume así: los restos «permiten asegurar el origen romano del puente, si bien su fisionomía actual es producto de las numerosas intervenciones».

Hay incluso un dato numérico que delata la reforma. La suma de las luces de los arcos solo da el 56,77 % de la longitud del puente, cuando la media romana que calculó Durán ronda el 75 %. Para Ostos, eso «podría indicar» que las pilas se engordaron después de Roma, quitando sitio al río.
¿Y desde cuándo hay puente? La fuente antigua más citada es el Bellum Hispaniense, el relato de la guerra de César contra los hijos de Pompeyo en el año 45 a. C. Pero el pasaje es menos claro de lo que parece:
Caesar, cum ad flumen Baetim venisset neque propter altitudinem fluminis transire posset, lapidibus corbis plenos demisit: insuper ponit trabes; ita ponte facto copias ad castra tripertito traduxit.
Bellum Hispaniense 5 (latín en LacusCurtius; inglés de A. G. Way en LacusCurtius; traducción de Hispania Nova)
«César, al llegar al río Betis y no poder cruzarlo por su profundidad, echó al agua cestos llenos de piedras y puso vigas encima; hecho así el puente, pasó sus tropas a un campamento dividido en tres.»
El texto describe un puente improvisado de cestos y vigas y una lucha por controlar «el puente». Ostos advierte que no se puede asegurar si aquel paso estaba donde el actual ni si era de piedra o de madera.
¿Sabías que…?
Ostos estudió todos los puentes antiguos del término municipal de Córdoba y llegó a una conclusión tajante: de los que siguen en uso, ninguno es íntegramente romano. Todos son producto de reconstrucciones posteriores.
Alcántara: romano sin duda, con la firma en discusión
Si hay un puente romano indiscutible en España, es el de Alcántara, sobre el Tajo. Durán lo pone como ejemplo de todo lo que Roma hacía bien: lugar elegido en el punto más estrecho del cauce y con roca dura, arcos de 27,50 y 28,80 m de luz junto a la pila central y una carga en la cimentación de unas 10.600 toneladas que el terreno soporta con holgura. De él contamos más en nuestra guía de cómo eran las calzadas romanas.

Su inscripción más famosa, en un templete junto al puente, presume de eternidad:
Pontem perpetui mansurum in saecula mundi / fecit divina nobilis arte Lacer.
CIL II 761 (texto en Livius y MQDQ; traducción de Hispania Nova)
«Lácer, ilustre por su arte divino, hizo este puente que permanecerá por los siglos del mundo perpetuo.»
Aquí viene el giro. Que el puente es romano no está en duda. Lo que revisan los epigrafistas es la antigüedad de algunos elementos del conjunto, y en particular la figura de Cayo Julio Lácer como constructor del puente y del templo. La epigrafista Helena Gimeno Pascual (2022) actualiza estudios suyos de 1995 y de 2007 (con Joan Carbonell y Armin Stylow) a la luz de las colecciones de inscripciones copiadas a finales del siglo XV y en la primera mitad del XVI.
No vamos a afirmar más de lo que hemos podido leer: la conclusión prudente es que la «firma» de Lácer es hoy un asunto abierto entre especialistas, mientras que la obra de cantería es romana. Hasta el puente romano de manual tiene su capa de historia posterior.
El caso contrario: el puente romano que nadie veía
El error también funciona al revés: hay puentes romanos que nadie llamaba así porque ni se veían. En el río Bidasoa, en Irún, un vecino encontró unos restos de pilotes de madera. La directora del centro de arqueología Arkeolan, Mertxe Urteaga, era «bastante escéptica». El carbono 14 le quitó la razón: eran de roble, de entre los años 80 y 200 d. C., y formaban parte de un puente de la ciudad romana de Oiasso.
Con los datos de entonces (2001), el puente de madera podía tener al menos 100 m de largo y 6 m de ancho: justo la anchura de una vía romana. Es un buen recordatorio de que Roma también hizo puentes de madera, que casi nunca sobreviven y por eso no aparecen en los catálogos de sillería.
Y hay casos intermedios: el puente de la Perdiz (Néstar, Palencia), «considerado como romano», le parece a Durán «realizado en una época posterior, muy próxima a la romana»: rasgos romanos con una labra más tosca.
Por qué los auténticos están casi todos en el oeste
Un dato curioso: según Durán, la gran mayoría de los puentes romanos conservados están en las cuencas que vierten al Atlántico, «la Hispania del granito», y son muy escasos en la vertiente mediterránea. Lo atribuye, «posiblemente», al carácter torrencial de los ríos orientales, capaces de llevarse cualquier obra en una riada.
El puente de Segura aguantó siglos hasta que la avenida de 1565 se llevó dos pilas y los arcos centrales. Se reconstruyó en el mismo sitio, aprovechando los restos. De ahí tantos puentes «collage»: base romana, arcos de otra época.
Los que se salvaron lo deben a dos cosas: estar bien cimentados en roca y no haber dejado nunca de usarse. En Mérida, Durán encontró un detalle precioso de esa precisión original: los salmeres (las piezas donde arranca cada arco) siguen exactamente donde los marcaron los constructores, con unas cruces grabadas en el enlosado de apoyo.


Cronología
- 45 a. C.
César cruza el Betis junto a Córdoba con un puente de cestos y vigas (Bellum Hispaniense 5).
- Época de Trajano
Puente de Alcántara, dedicado a Trajano según sus inscripciones (CIL II 761).
- 80–200 d. C.
Fecha por carbono 14 de los pilotes de roble del puente de Oiasso (Irún).
- Siglos X–XI
Construcción del puente Mantible, según OSL y carbono 14.
- Siglo XI
Puente del Genil en Granada, época de la taifa zirí (Vílchez, 1990).
- 1025–1165
Horquilla del carbono 14 del puente de Poyatos (Cuenca).
- Finales s. XII – inicios s. XIII
Origen del puente de Simancas, según el control arqueológico.
- 1420–1495
Carbono 14 del pavimento del puente del Castellar (Cuenca).
- 1565
Una gran avenida derriba dos pilas y los arcos centrales del puente romano de Segura.
- 2022–2023
Control arqueológico en Simancas: sin rastro de un puente romano anterior.
Mitos y errores frecuentes
- «Si se llama romano, es romano.» El nombre suele ser tradición. Cangas, Simancas o Caldes lo demuestran.
- «Arco de piedra + aspecto antiguo = Roma.» Es justo el atajo que denuncia Durán. Un perfil empinado y un gran arco apuntado apuntan, más bien, a la Edad Media.
- «Está en una calzada romana, así que el puente también.» Aumenta la probabilidad, pero no prueba nada: muchos puentes medievales sustituyeron a otros romanos en el mismo sitio.
- «Romano significa intacto.» Córdoba o Segura son collages de épocas.
- «Roma solo hacía puentes de piedra.» Oiasso enseña que hubo grandes puentes de madera que no dejan rastro visible.
Dónde ver puentes romanos de verdad
Si quieres ver puentes que Durán incluye entre los romanos de Hispania, esta es una ruta segura, con mayoría en el oeste:
- Alcántara (Cáceres), sobre el Tajo: el gran modelo alto.
- Mérida (Badajoz): el del Guadiana y el del Albarregas, a la salida de la Vía de la Plata.
- Alconétar (Cáceres) y Salamanca, sobre el Tormes: los contamos en el artículo de la Vía de la Plata.
- Bibei (Ourense) y el puente romano de Lugo.
- Pont del Diable de Martorell (Barcelona), del modelo de dos arcos desiguales.
- Villa del Río y Los Pedroches (Córdoba), con dovelas engatilladas, una rareza.

¿Y el puente de tu pueblo? Mide el ancho a pasos, mira si sube y baja como un tejado y busca marcas de cantero. Si sale «medieval», no es una decepción: es un puente de varios siglos con su propia historia.
Para seguir leyendo
Obras de referencia, indicando qué hemos leído y qué no (sin enlaces de afiliación):
- Manuel Durán Fuentes, La construcción de puentes romanos en Hispania (Xunta de Galicia, 2004; 2.ª ed. 2005). Es el catálogo de referencia. No lo hemos leído completo: el texto no está en abierto (ficha en Dialnet); lo citamos a través de sus artículos abiertos y del estudio de Ostos.
- Carlos Fernández Casado, Historia del puente en España. Puentes romanos (1980) y Colin O’Connor, Roman Bridges (Cambridge, 1993): clásicos que cita Durán; no consultados para este artículo.
- En abierto: el artículo de Durán en Anas, su conferencia del Museo Oiasso y el estudio de Ostos sobre Córdoba (enlaces abajo).
- En Hispania Nova: cómo eran las calzadas romanas, la Vía de la Plata, cómo leer un miliario y los vasos de Vicarello. Más en Hispania romana.
Preguntas frecuentes
¿Son romanos todos los puentes llamados romanos?
No. Muchos son medievales o posteriores y heredaron el nombre por tradición, por estar sobre una vía romana o por sustituir a un puente anterior. Cangas de Onís, Simancas o Caldes de Montbui son ejemplos.
¿Cuántos puentes romanos hay en España?
Depende de qué se cuente. Durán Fuentes analiza 37 obras romanas en toda Hispania, incluida Portugal y algunas alcantarillas pequeñas. Para España sola circulan cifras divulgativas de 11 a 13 grandes puentes.
¿Cómo saber si un puente es romano?
Hay pistas: anchura de más de 4,5 m, plataforma horizontal o casi, arcos de medio punto, sillería en seco con juntas finas, muescas de palanca y ausencia de marcas de cantero. Ninguna basta sola; la certeza llega con datación o excavación.
¿Es romano el puente de Córdoba?
Sí en origen, pero muy rehecho. Según Ostos (2014), lo romano visible se reduce a unos sillares del estribo junto a la Torre de la Calahorra; el resto procede de siglos de reparaciones.
¿Cuál es el puente romano más impresionante de España?
El de Alcántara, sobre el Tajo, con arcos de casi 29 m de luz. Su obra es romana, aunque los epigrafistas revisan la antigüedad de algunos elementos del conjunto, como la inscripción de Lácer.
Fuentes y créditos
Fuentes y lecturas
- Durán Fuentes, M. (2008-2009). «Logros técnicos en la construcción de puentes romanos de Hispania y su continuación en época altomedieval», Anas 21-22, pp. 223-243: PDF, MNAR / Ministerio de Cultura (modelos pp. 225-226; Alcántara p. 226; Segura y Mérida p. 227; vertiente atlántica pp. 227-228; técnicas posteriores pp. 232-234).
- Durán Fuentes, M. «Los puentes romanos: proyecto y construcción», conferencia en el Museo Romano Oiasso: PDF (errores de identificación pp. 1-2; anchura pp. 18-19; doce características pp. 21-22).
- Ostos López, I. (2014). «Puentes romanos. Los puentes romanos del término municipal de Córdoba», Anahgramas I, pp. 3-107: PDF, Universidad de Córdoba (criterios §2.5; puente de Córdoba §4.1; conclusiones).
- Bellum Hispaniense 5 (ed. y trad. A. G. Way, Loeb 1955): latín · inglés (LacusCurtius).
- CIL II 761 (Alcántara): Livius · MQDQ.
- Gimeno Pascual, H. (2022). «Caivs Ivlivs Lacer ¿Qué queda realmente de Lacer y de su época en el conjunto de Alcántara?»: resumen en Academia.edu (copia Wayback).
- Vílchez Vílchez, C. (1990). «El puente sobre el Genil de la Taifa Zirí granadina (s. XI)», Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada XXI, pp. 211-223: ficha y resumen.
- Puente de Simancas: Turismo de Castilla y León.
- Poyatos: Europa Press, 4-11-2017 · Castellar: Las Noticias de Cuenca · Caldes de Montbui: Ajuntament, 15-6-2016 · Mantible: La Rioja, 16-7-2025.
- Cangas de Onís: Turismo de Cangas de Onís · Oiasso: El País, 19-9-2001.
- Cifras divulgativas: Viajes de Primera (11–13 en España) · Mètode 41, 2004 (33 en España y Portugal).
Créditos de imagen
Cangas de Onís: David Álvarez López, CC BY 2.0 · Alcántara: Txo, CC BY-SA 4.0 · Bibei: Jmrodri2, CC BY-SA 4.0 · Salamanca: Emilio J. Rodríguez Posada, CC BY-SA 2.0 · Córdoba: Benjamin Smith, CC BY-SA 4.0 · Simancas: Zarateman, CC0 · Mantible: Juanje 2712, CC BY-SA 4.0 · Genil: JiriMatejicek, CC BY-SA 4.0 · Caldes de Montbui: Jordiferrer, CC BY-SA 3.0 · Mérida: Falk2, CC BY-SA 4.0 · Esquema «romano o medieval»: Hispania Nova, CC BY 4.0. Fotos vía Wikimedia Commons (enlace en cada pie), redimensionadas a WebP q82, máx. 1600 px. Palanca y cimbra: recreaciones hipotéticas generadas con IA (ChatGPT) para Hispania Nova, señaladas en su pie.


