Si viajabas por la vía Augusta con un permiso del emperador, cada pocas horas encontrabas una parada: un patio para el carro, establos con animales de refresco y, a veces, una cama y unos baños. Hoy las llamamos mansiones y mutationes, y la explicación de manual es sencilla: la mansio era el «hotel» y la mutatio, la «gasolinera» donde se cambiaban los caballos.
La realidad es más interesante. Los romanos no usaban esas dos palabras como categorías fijas, el famoso «correo» imperial no era para cualquiera y, en Hispania, la arqueología acaba de poner nombre y planta a varias de estas paradas.
En resumen
- Etiquetas útiles, pero modernas: según la investigadora Natalia Espinosa, «ni mansio ni mutatio eran empleados de forma general en el mundo romano».
- El cursus publicus no era un correo público: era una infraestructura del Estado para agentes con permiso (diploma o evectio), pagada por la población local.
- No había una distancia fija: en el nordeste de Hispania la mayoría de los intervalos iban de 12 a 24 millas, con una media de 15 entre el Pirineo y Tarraco.
- Tampoco un modelo único: patio, establos y dormitorios se repiten, pero las termas faltan a menudo y algunas «villas» funcionaban como paradas.
- Hispania les pone cara: La Sort de Ròtova (excavada), Mellaria (detectada bajo tierra, sin excavar) o El Beneficio-Miaccum, en la sierra de Madrid.

¿Qué era una mansio y qué una mutatio?
Empecemos por la definición clásica, la que repiten diccionarios y enciclopedias desde el siglo XIX. El Dictionary of Greek and Roman Antiquities de William Smith (1875) explica que mansio viene de manere, «pasar la noche en un lugar durante un viaje»: era la parada al final de una jornada. Entre una y otra había otras más pequeñas, las mutationes, que servían «solo para cambiar de caballos o tomar un refrigerio».
Smith llega a dar una proporción: «cuatro o cinco mutationes por cada mansio». La estampa ha calado tanto que es la que encontrarás casi en cualquier sitio:
| Mansio | Mutatio | |
|---|---|---|
| Idea habitual | Parada de fin de jornada, con alojamiento | Parada breve para cambiar animales |
| Servicios | Cama, comida, establos y a veces baños | Establos, animales de refresco, arreglo del carro |
| ¿Se dormía? | Sí | En principio, no |
| Cómo se usa hoy | Para casi cualquier estación viaria | Para restos «secundarios», sin pruebas de alojamiento |
Como resumen, sirve. El problema es que convierte en reglas lo que para los romanos era bastante más flexible.
¿Los romanos distinguían de verdad entre mansio y mutatio?
Aquí está el giro. Natalia Espinosa Criado, de la Universidad de Zaragoza, dedicó su tesis a las comunicaciones de las vías romanas del nordeste hispánico y analizó 43 paradas de la vía Augusta, del Pirineo a Valentia y de Tarraco a Caesaraugusta. Su conclusión sobre las palabras es tajante:
«Ni mansio ni mutatio eran empleados de forma general en el mundo romano, ni disponemos de indicios suficientes para designar con uno u otro término los vestigios arqueológicos actuales. No obstante, actualmente pueden considerarse convencionalismos y ser utilizados como tal.»
Espinosa Criado, Salduie 11-12 (2011-12), p. 177
Según la autora, todos los nombres antiguos de estas instalaciones compartían un significado de fondo: «parada», «alto en el camino», «lugar donde pernoctar y alojarse». Las fuentes no asocian a cada palabra un tipo de edificio. Por eso ella prefiere hablar de estaciones viarias y usa mansio en su sentido latino de «parada en el camino».
¿Y cómo se usan hoy? Por costumbre, mansio se ha impuesto para casi cualquier estación, y mutatio se reserva para los restos secundarios que no parecen haber dado alojamiento, pero sí espacio para cuidar y cambiar animales. Por eso Mariturri (Vitoria) se publicó en 2005 como «una mutatio»: es una etiqueta de trabajo, no un rótulo que los romanos colgaran en la puerta.
¿Sabías que…?
En un edicto de Galacia de comienzos del reinado de Tiberio, la palabra mansio no designa un edificio, sino un servicio: el gobernador establece que debe darse «mansionem … gratuitam», alojamiento gratuito, al séquito imperial, a los militares de paso y a los libertos y esclavos del emperador, con sus animales. Antes que un hotel, mansio era «quedarse a dormir».
¿Qué era el cursus publicus?
Llamarlo «el correo romano» es tan habitual como engañoso. La historiadora Anne Kolb abre su estudio advirtiendo que es una institución «ampliamente malinterpretada»: no hacía rondas fijas, no estaba al alcance de todos y no era un servicio de reparto como una oficina de correos, sino una infraestructura para uso de los agentes del Estado.
El sistema lo creó Augusto. Lo cuenta Suetonio en su biografía del emperador (Aug. 49.3): para recibir pronto noticias de cada provincia, Augusto apostó primero a jóvenes a lo largo de las vías militares y después vehículos, porque así el mismo mensajero podía llevar la noticia hasta el final y, si hacía falta, ser interrogado en persona. (Lo resumimos a partir de la traducción inglesa que cita Kolb.)
Curiosamente, el nombre cursus publicus no aparece en las fuentes antes del siglo IV; para la etapa anterior también se habla de vehiculatio.
¿Quién pagaba la cuenta?
Lo sabemos gracias a una inscripción de Pisidia publicada en 1976: el edicto de Sexto Sotidio Estrabón Libusciano, gobernador de Galacia (SEG XXVI 1392). Para Kolb es la única fuente que detalla cómo funcionaba el sistema. Arranca recordando una norma de Augusto y Tiberio: «ne quis gratuitis vehiculis utatur», que nadie use los vehículos gratis.
El edicto fija quién pone los medios y a qué precio. La ciudad de Sagalassos debía tener diez carros y otras tantas mulas para los viajeros autorizados, que pagaban diez ases por carro y cuatro por mula en cada tramo (schoenus). Es decir: el transporte lo ponía la población local como una carga obligatoria (un munus), a un precio fijado por el gobernador.
Con el tiempo, la cosa empeoró para los vecinos. Según Kolb, en el siglo IV como muy tarde ya no se pagaba compensación, y a lo largo de las grandes vías se fueron levantando estaciones de descanso y relevo, «llamadas en la Antigüedad tardía mansiones o mutationes». El programa completo probablemente no se terminó hasta los siglos III o IV.

¿Quién podía usarlo y qué permiso hacía falta?
Ni el mercader ni el peregrino corriente. El edicto de Galacia enumera a los privilegiados: el procurador del emperador y su hijo (hasta diez carros), quienes viajaban en servicio militar con diploma, los soldados de otras provincias de paso, un senador (no más de diez carros), un caballero en servicio imperial (tres) y un centurión (uno).
El salvoconducto se llamaba diploma y, más tarde, evectio. Según Kolb, detallaba cuántos carros y animales se podían pedir, qué ruta había que seguir y durante cuánto tiempo valía. Nada más. Una ley del año 357 lo dice sin rodeos: que nadie mueva el servicio sin la autoridad de la evectio «ni pida más de lo que concedió la evectio» (Código Teodosiano 6.29.2.2).
Los permisos se daban con cuentagotas. Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, tuvo que justificar ante Trajano que había dado un diploma al mensajero del rey Sauromates por la prisa del viaje. Siglos después, una ley limitaba a los gobernadores provinciales a dos evectiones al año, ampliables solo en casos urgentes.

¿Quién trabajaba en las paradas?
Menos gente de la que imaginamos. Según Kolb, los correos (soldados, esclavos y libertos imperiales) no eran personal del cursus publicus: solo usaban la infraestructura. En las estaciones trabajaban sobre todo veterinarios, carreteros y mozos de cuadra.
Las leyes también hablan de abusos. Constantino amenazó con el arresto a quien, harto de esperar en una posta, requisara los animales de un campesino cercano. Y en el año 316 prohibió azuzar a los animales públicos con garrotes nudosos: solo se permitía «una vara o, como mucho, un látigo» con un aguijón corto (Código Teodosiano 8.5.2; traducción de Hispania Nova).
¿Sabías que…?
El sistema servía para encargos muy particulares. Según Eusebio, Constantino autorizó al obispo Cresto de Siracusa a viajar por el cursus publicus hasta el sínodo de Arlés con dos clérigos y tres sirvientes. Y en otra carta pidió al propio Eusebio cincuenta libros para Constantinopla, con dos vehículos públicos para llevarlos.
¿Cada cuánto había una parada en Hispania?
Aquí conviene desconfiar de las cifras redondas. Espinosa recuerda que la bibliografía general suele situar la distancia media entre postas entre 20 y 30 millas. Pero cuando mide los itinerarios antiguos del nordeste, el resultado es más variado: la mayoría de los intervalos van de 12 a 24 millas, con algunos que llegan a 37 y otros que no bajan de 9.
Una milla romana equivale a unos 1,48 km (cálculo nuestro con las equivalencias que da la propia autora), así que hablamos de paradas cada 18 a 36 km, más o menos.
| Tramo de la vía Augusta | Intervalos más repetidos | Rango y excepciones |
|---|---|---|
| Summo Pyreneo – Tarraco | 12, 15, 16 y 17 millas (media habitual: 15) | De 9 a 24; excepción de 37 entre Praetorium y Fines |
| Tarraco – Valentia | 22 y 24 millas | De 16 (Sagunto–Valentia) a 37 (Sub Saltum–Dertosa) |
| Tarraco – Caesaraugusta | 18 y 19 millas | De 12 a 32; excepciones de 46 y 62 |
¿Y cuánto suponía eso para un viajero? La autora parte de un ritmo teórico: un correo recorrería «unas 5 millas por hora con una media de unas 50 millas por jornada». Con la media de 15 millas entre el Pirineo y Tarraco, salen unas tres horas de viaje sin descanso entre parada y parada; entre Tarraco y Valentia, unas cuatro horas y media.

Dos matices importantes. El primero: esto describe una vía concreta. Los intervalos se fijarían, como recuerda Espinosa, según las necesidades de los viajeros y el terreno, así que en otras rutas podían ser distintos. El segundo: las cifras antiguas no siempre cuadran con el mapa. El Itinerario de Antonino da 75 millas (111 km) entre Tarraco y Barcino, cuando sobre el terreno no hay más de 98 o 99 km.
El ritmo de las tropas, en cuánto marchaba un legionario romano.

¿Cómo era una mansio por dentro?
No había un plano estándar. Espinosa no encontró «ningún arquetipo ni modelo estable», ni en la disposición de los edificios ni en sus medidas. Lo que sí vio fue una lista de elementos que reaparecen una y otra vez. Son nueve:
- Al menos un patio, para dejar los vehículos y hacer reparaciones.
- Recintos para los animales de tiro y de montura.
- Dormitorios para huéspedes, que muchas veces imitan los contubernia de los campamentos militares; a veces, en un edificio aparte.
- Habitaciones del personal, normalmente en un segundo piso de madera.
- Almacenes para el grano y el forraje.
- Termas, posibles pero no imprescindibles: a veces eran la razón de ser de la parada y en muchos casos ni existen.
- Espacios de culto, rara vez con edificio propio, aunque abundan las ofrendas para que el viaje llegara a buen término.
- Necrópolis o enterramientos en las cercanías.
- Defensas, poco habituales salvo en zonas fronterizas o militares.
Con esas piezas se montaban tres tipos de parada: un edificio único con patio central, variantes que parecen villas rústicas y complejos de varios edificios. ¿Tiendas, enfermerías, cárceles? Aparecen en algún caso, pero no son la norma.
Los números del nordeste ayudan a quitarles el halo de lujo: solo el 26 % de las 43 paradas estaba asociado a termas, solo cinco tenían graneros (horrea), y eran todas grandes ciudades, y apenas tres mostraban algún indicio militar. Lo que casi nunca faltaba era el agua: el 65 % estaba junto a ríos o arroyos, catorce con indicios de un puente cerca (¿eran romanos esos puentes? Lo explicamos en ¿son romanos los puentes romanos?). Y el 67 % se levantaba en un cruce de caminos.

¿Villa o mansio? Puede que las dos cosas
Una de las ideas más jugosas del estudio: de las 43 paradas, en 16 aparece alguna villa, y dos de esas villas tenían incluso dos complejos termales, quizá uno público y otro privado. Espinosa no ve por qué una villa pegada a la calzada no podía hacer de estación (ya Varrón aconsejaba poner un albergue o una taberna junto a las villas de los caminos), aunque no diera cama: muchas postas solo cambiaban monturas, daban de comer o tenían baños.
¿Qué mansiones romanas se conocen en Hispania?
Durante mucho tiempo, muy pocas. Espinosa escribía en 2011-12 que, salvo excepciones como Mariturri o Miaccum, en Hispania faltaban excavaciones exhaustivas de estas estaciones. Desde entonces el mapa empieza a llenarse. Cuatro casos, cada uno con su método y su grado de certeza:
| Sitio | Método | Qué se sabe |
|---|---|---|
| La Sort (Ròtova) | Excavación en curso | Mansio del s. II, abandonada en el III; antes se creía una villa |
| Mellaria (Fuente Obejuna) | Geofísica, sin excavar | Edificio de 48 m con 8 habitaciones, baño y gran patio |
| El Beneficio (Collado Mediano) | Excavación (2003–2008) | Posada modesta con baños, cocina y dormitorios; ¿es la propia Miaccum? |
| Aquis Querquennis (Bande) | Excavación | Establecimiento hostelero en dos fases (ss. II y III) |
La Sort de Ròtova: de villa a posada pública
Es el caso más reciente con excavación. El 24 de enero de 2026 se presentaron en Ròtova los resultados de la campaña dirigida por Ignasi Grau Mira, catedrático de Arqueología de la Universidad de Alicante. La novedad: lo que se tenía por una villa romana se interpreta ahora como una mansio, «una infraestructura pública destinada a la acogida de viajeros, correos y funcionarios», en la vía que unía Dianium (Dénia) con Saetabis (Xàtiva).
Según esa información, el edificio se fundó en el siglo II d. C. y se abandonó en el III, tras un funcionamiento «relativamente breve», y aún quedan por excavar «numerosos aposentos y el patio». En abril de 2026 apareció una estancia con material de almacenaje que «podría ser una cocina para dar servicio a la ‘mansio’» (Levante-EMV). Ojo: no hemos encontrado aún una publicación científica; son las conclusiones de sus excavadores, contadas en la web municipal y en prensa.

Mellaria: una mansio vista sin excavar
El caso de Mellaria, junto a Fuente Obejuna (Córdoba), es distinto: nadie ha excavado el edificio. Un equipo de la Universidad de Córdoba midió las variaciones magnéticas del subsuelo entre 2021 y 2023 y obtuvo la planta de un edificio de 48 m de largo y unos 1.290 m², a las afueras de la ciudad y junto a la calzada de Córdoba a Mérida, la ruta XI del Itinerario de Antonino.
La planta muestra ocho habitaciones, un baño y un amplio patio que puede interpretarse como establo o aparcamiento de carruajes. La autora del estudio, Miriam González Nieto, lo clasifica como una mansio «de clase estándar», con paralelos en Vindonissa (Suiza) y Rottweil (Alemania). Muy prometedor, pero conviene leerlo como lo que es: una interpretación de una planta detectada bajo tierra.
El Beneficio-Miaccum: la posada modesta de la sierra
En Collado Mediano (Madrid), el Servicio Municipal de Arqueología excavó entre 2003 y 2008 el yacimiento de El Beneficio. Según el Ayuntamiento, apareció un edificio cuadrangular con «un área termal (baños), una cocina, un comedor amplio y unas salas de dormitorio», junto a restos de calzada empedrada. Nada lujoso: el texto municipal admite que eso decepcionó a quienes esperaban algo más grandioso.
Su director, Jesús Jiménez Guijarro, lo presenta como una statio, un establecimiento de apoyo a la vía XXIV del Itinerario de Antonino, en relación con la mansio de Miaccum. Dónde estaba exactamente Miaccum se sigue discutiendo: hay trabajos que la buscan «entre El Beneficio y Monesterio».


Y en Galicia, junto al campamento de Aquis Querquennis (Bande, Ourense), la guía del yacimiento describe un establecimiento hostelero: primero un gran corralón con habitaciones (s. II) y luego un edificio nuevo con un cercado y un pozo, quizá para abrevar a los animales (s. III).
¿Dónde dormía quien viajaba sin permiso?
La gran mayoría de los viajeros no tenía diploma. ¿Dormían al raso? No necesariamente. Espinosa cree que, una vez construidas, muchas estaciones podían usarse como establecimientos abiertos al público pagando, salvo las militares o las reservadas al emperador; el uso gratuito quedaría para quien llevaba permiso. Es su opinión: otra investigadora, Stéphanie Guédon, sostiene que las postas del cursus publicus y las abiertas a cualquiera no se confundían.
En las ciudades había alternativas: posadas, mesones, albergues, tabernas y termas. En el nordeste, las 14 paradas que coinciden con municipios o colonias no han dado una estación propiamente dicha, quizá porque no hacía falta. Los viajeros oficiales de prestigio probablemente se alojaban con los notables locales, los decuriones. Y donde no había nada, la ley preveía recurrir a casas privadas.
No todos veían esas posadas con buenos ojos. La investigadora italiana C. Corsi, citada por Espinosa, las describe frecuentadas por individuos «de ínfima extracción social» y como un «potencial nido de criminalidad» (traducción de Hispania Nova).
¿Cómo sabemos dónde estaban las paradas?
Por los itinerarios: listas de paradas con las millas entre una y otra. El más famoso para Hispania es el Itinerario de Antonino, que ya usamos para seguir la Vía de la Plata. Otro, grabado en plata, son los vasos de Vicarello, con el viaje de Gades a Roma parada a parada. En el camino, las millas se marcaban en piedra: así se lee un miliario romano.
Pero el documento que mejor encaja con nuestra pregunta es el Itinerario de Burdeos, el recorrido de un peregrino de Burdeos a Jerusalén en tiempos de Constantino (el propio texto fecha el viaje por los cónsules Dalmacio y Zenófilo, es decir, el año 333). Aquí sí se etiqueta cada parada: civitas (ciudad), mutatio, mansio y, a veces, vicus o castellum. Empieza así:
Civitas Burdigala, ubi est fluvius Garonna […]. Mutatio Stomatas, leuc. VII. Mutatio Sirione, l. VIIII. Civitas Vasatas, l. VIIII.
Itinerario de Burdeos (ed. de P. Wesseling reimpresa en 1861, texto; traducción de Hispania Nova)
«Ciudad de Burdeos, donde está el río Garona […]. Mutatio de Stomatas, 7 leguas. Mutatio de Sirione, 9 leguas. Ciudad de Vasatas, 9 leguas.»
Al final de cada tramo, el autor hace balance. De Burdeos a Arlés: «Mutationes XXX; Mansiones XI», treinta mutationes y once mansiones. Echa la cuenta: salen unas 2,7 mutationes por mansio (cálculo nuestro), no las «cuatro o cinco» del diccionario de Smith. Y hay sorpresas, como una parada anotada a la vez como «civitas et mansio»: ciudad y mansio al mismo tiempo.
¿Contradice esto a Espinosa? No del todo. Prueba que este autor del siglo IV, en la Galia, sí distinguía mutatio y mansio, y encaja con Kolb: son nombres de la Antigüedad tardía. Lo que no permite es proyectar esas etiquetas sobre cualquier ruina altoimperial de Hispania.


¿Cuándo nació y cómo cambió el sistema?
- Augusto (27 a. C. – 14 d. C.)
Crea el sistema: primero jóvenes mensajeros y luego vehículos a lo largo de las vías militares (Suetonio, Aug. 49.3).
- Inicios de Tiberio (antes del 19 d. C.)
Edicto de Sotidio Estrabón en Galacia: tarifas, privilegiados y mansio gratuita (SEG XXVI 1392).
- Siglo II
Se funda la mansio de La Sort de Ròtova; primera fase hostelera en Aquis Querquennis.
- Siglo III
Abandono de La Sort; nuevo edificio con cercado y pozo en Aquis Querquennis.
- 315–316
Leyes de Constantino contra la requisa de animales y el uso de garrotes (CTh 8.5.1 y 8.5.2).
- 333
Itinerario de Burdeos: de Burdeos a Arlés anota 30 mutationes y 11 mansiones.
- 357
Una ley prohíbe usar el servicio sin evectio o pedir más de lo concedido (CTh 6.29.2.2).
- Siglos IV–V
Decadencia y abandono de muchas estaciones del nordeste peninsular.
- 2021–2023
Prospección geomagnética en Mellaria; el estudio se publica en 2026.
- 2025–2026
Campañas en La Sort de Ròtova, reinterpretada como mansio.
¿Qué mitos circulan sobre las mansiones romanas?
- «La mansio era el hotel y la mutatio la gasolinera, y así lo decían los romanos.» Es una simplificación moderna. Algunos textos tardíos, como el Itinerario de Burdeos, sí los distinguen, pero no era la norma.
- «El cursus publicus era el correo (o el autobús) de los romanos.» No: era una infraestructura del Estado para agentes con permiso. Ni hacía rondas ni estaba abierto a todos.
- «Había una parada cada 15 millas en todo el Imperio.» Las 15 millas son la media de un tramo del nordeste. En la misma vía Augusta los intervalos van de 9 a 37 millas.
- «Las mansiones eran lujosas.» El Beneficio es modesto y Mellaria se clasifica como «de clase estándar». Solo una cuarta parte de las paradas del nordeste tenía termas asociadas.
- «Ròtova y Mellaria ya están demostradas.» Son interpretaciones serias, pero distintas: Ròtova sale de una excavación todavía en curso; Mellaria, de una planta detectada con geofísica.
Para seguir leyendo
Obras de referencia, indicando qué hemos leído y qué no (sin enlaces de afiliación):
- Natalia Espinosa Criado, «Aspectos definitorios de las estaciones viarias en el nordeste peninsular» (Salduie 11-12, 2011-12). Leído entero; es la base de este artículo y está en abierto.
- Anne Kolb, «Transport and communication in the Roman state: the cursus publicus», en C. Adams y R. Laurence (eds.), Travel and Geography in the Roman Empire (Routledge, 2001). Hemos leído el capítulo; el resto del libro, no.
- Anne Kolb, Transport und Nachrichtentransfer im römischen Reich (Berlín, 2000), y E. W. Black, Cursus Publicus: The infrastructure of government in Roman Britain (1995): referencias que cita Espinosa; no consultadas.
- T. Kleberg, Hotels, restaurants et cabarets dans l’antiquité romaine (1957): clásico citado por Espinosa; no consultado.
- En Hispania Nova: cómo eran las calzadas romanas, la Vía de la Plata, los vasos de Vicarello, cómo leer un miliario y cuánto marchaba un legionario. Más en Hispania romana.
Preguntas frecuentes
¿Qué era una mansio romana?
Una parada junto a una calzada para descansar y, a menudo, pasar la noche, con patio, establos y a veces baños. Viene de manere, «quedarse», y hoy se usa para casi cualquier estación viaria romana.
¿Qué diferencia hay entre mansio y mutatio?
Por convención, la mansio ofrecía alojamiento y la mutatio era una parada menor para cambiar y cuidar animales. Pero los romanos no usaban los términos de forma general ni para un tipo fijo de edificio; algunos textos tardíos, como el Itinerario de Burdeos, sí los distinguen.
¿Qué era el cursus publicus?
El sistema de transporte del Estado romano, creado por Augusto, para que correos y funcionarios con permiso viajaran con relevos de animales y vehículos. No era un correo público y lo sostenía la población local.
¿Podía cualquiera usar el cursus publicus?
No. Hacía falta un permiso, el diploma o evectio, que fijaba vehículos, animales, ruta y plazo, y los gobernadores tenían un cupo limitado. Los demás viajeros pagaban posadas o se alojaban en casas privadas.
¿Cada cuántos kilómetros había una mansio?
No había una distancia fija. En la vía Augusta, en el nordeste de Hispania, la mayoría de los intervalos iban de 12 a 24 millas (unos 18–36 km), con una media de 15 millas (unos 22 km) entre el Pirineo y Tarraco.
¿Se puede visitar una mansio romana en España?
Hay restos musealizados, como El Beneficio-Miaccum en Collado Mediano, con centro de interpretación, o La Sort de Ròtova, en una parcela musealizada. Consulta horarios con cada ayuntamiento antes de ir.
Fuentes y créditos
Fuentes y lecturas
- Espinosa Criado, N. (2011-12). «Aspectos definitorios de las estaciones viarias en el nordeste peninsular», Salduie 11-12, pp. 175-189: PDF, Universidad de Zaragoza (43 mansiones p. 175-176; terminología p. 177-178; rasgos p. 179; villas p. 180; distancias pp. 182-183; datos arqueológicos pp. 184-187; conclusiones p. 188).
- Kolb, A. (2001). «Transport and communication in the Roman state: the cursus publicus», en C. Adams y R. Laurence (eds.), Travel and Geography in the Roman Empire, Londres, Routledge, pp. 95-105 (Suet. Aug. 49.3; SEG XXVI 1392; CTh 6.29.2.2, 8.5.1, 8.5.2, 8.5.12; Plin. Ep. 10.64; Eus. HE 10.5.23 y VC 4.36.4).
- Yates, J. «Mansio», en W. Smith, A Dictionary of Greek and Roman Antiquities (1875): LacusCurtius.
- Itinerario de Burdeos (Itinerarium Burdigalense), ed. P. Wesseling, reimpresa en Chateaubriand, Œuvres complètes V (1861): texto en dominio público.
- La Sort de Ròtova: Ajuntament de Ròtova, 25-1-2026 · Cadena SER / Radio Gandia, 27-1-2026 · Levante-EMV, 18-4-2026.
- Mellaria: nota de la Universidad de Córdoba, 22-10-2026 · González Nieto, M. (2026), «On the archaeological evidence of mansiones along the Roman roads of Hispania in the Antonine Itinerary: The case of Mellaria», Journal of Archaeological Science: Reports 75, 106073: DOI (leído el resumen).
- El Beneficio-Miaccum: Ayuntamiento de Collado Mediano · Jiménez Guijarro, J. (2008; ed. digital 2020), Madrider Mitteilungen 49, pp. 354-387: DOI · ficha en BURJC Digital (leído el resumen) · Caballero Casado, C., «La mansio Miaccum: entre El Beneficio y Monesterio» (solo título y resumen).
- Aquis Querquennis: Guía do xacemento arqueolóxico de Aqvae Qverqvennae (Xunta de Galicia; texto de A. Rodríguez Colmenero), citada en la ficha de la foto en Wikimedia Commons.
Créditos de imagen
Aquis Querquennis: Álvaro Pérez Vilariño, CC BY-SA 2.0 · Relieve de Maria Saal: Uoaei1, CC BY-SA 4.0 · Panissars: Carole Raddato, CC BY-SA 2.0 · La Sort de Ròtova: Romang, CC BY-SA 4.0 · El Beneficio-Miaccum: Rodelar, CC BY-SA 4.0 · El Beneficio: 1916sem, CC BY-SA 4.0 · Itinerario de Burdeos (BnF): Cnfy1cnfy1, CC BY-SA 4.0 · Vaso de Vicarello: Ryan Baumann, CC BY 2.0 · Esquema «una jornada por la vía Augusta»: Hispania Nova, CC BY 4.0. Fotos vía Wikimedia Commons (enlace en cada pie), redimensionadas a WebP q82, máx. 1600 px. Patio de la parada y correo con permiso: recreaciones hipotéticas generadas con IA (ChatGPT) para Hispania Nova, señaladas en su pie.


